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1.5.15

el mundo de JCh

Lo escribí recién...
Alguien,
que te toca el hombro para alcanzarte algo que se te cayó,
que te mira y te salva de un dolor,
que te ayuda a mirarte (por dentro),
que te sonríe con todos los dientes
Alguien,
que te dice cuidado!!!
que te invita a compartir su mundo sin esperar nada a cambio,
que te lee algo que recuerdas para siempre,
que te pone la música que te gusta,
que te mira a los ojos sin decir una palabra,
Alguien,
que intenta involucrarte en su vida,
que te agradece un detalle.
que comparte su imaginación,
que te lleva de viaje con el pensamiento,
Alguien, que te quiere y no te conoce.

idea work in progress de JA

Sobre los textiles: Entiendo que es algo super lógico, no es lo mismo cogerse a la duquesa de alba en una cama king size de algodón egipcio de 360 hilos que en un colchón en el suelo todo meado.

18.3.12

No seamos insectos


Un ser humano debería ser capaz de cambiar un pañal,
planear una invasión,
carnear un cerdo,
navegar un barco,
diseñar un edificio,
escribir un soneto,
hacer el balance de una cuenta,
construir una pared,
acomodar un hueso,
confortar a un moribundo,
aceptar ordenes,
dar ordenes,
cooperar,
actuar solo,
resolver ecuaciones,
analizar un nuevo problema,
palear estiercol,
programar una computadora,
cocinar un plato delicioso,
pelear con eficiencia,
morir con gallardia.
La especilización es para los insectos.

Robert Heinlein

19.12.11

Olé Manuel!! (copia textual de la columna de Manuel Vicent en El País del domingo pasado)

Aunque suena muy cuartelero,
en la vida de un hombre también existe una división de poderes: de joven, poder ligar; de mayor, poder mandar; de viejo, poder mear.
Este asunto va más allá del pensamiento político de Montesquieu. En esto no existe democracia.
Se trata de un simple deseo individual, sometido al azar, que raramente se cumple, salvo en algunos individuos afortunados.
De los tres poderes, los dos primeros siempre encuentran una alternativa, pero el tercer poder es perentorio e inapelable, se tiene o no se tiene.
No pasa nada si uno no liga. Nada hay más ridículo y alejado de la moderna estética de la seducción que un joven pollastre (¿de polla?) con ínfulas de penetrador, remedo de un Don Juan pasado por el gimnasio.
Ovidio, en su arte de amar, ya daba cuenta de que es más atractivo el amante perdedor que el machaca (pesado, plomo) orgulloso del numero de muescas que exhibe la culata de su revólver.
La melancolía que produce la derrota con las mujeres es un licor muy dulce, del que los poetas extraen los versos muy refinados.
A partir de los cuarenta años la necesidad de mandar es un sueño del hombre frustrado. Le digo ven y viene, le digo vete y se va. Son ordenes que sirven lo mismo para un perro que para un secretario (los que mandan y los ´mandaos´).
El poder mandar es imaginario y hoy está al alcance del más torpe de la fila. Basta con apretar un botón y cualquier electrodoméstico obedece; con el mando a distancia en la mano puedes borrar del mapa al Rey en el discurso de Navidad o al presidente del Gobierno en la sesión de investidura.
Pero el asunto se agrava cuando el tercer poder aparece en la vida de un hombre. Ser o no ser. Mucho más grave que la famosa duda de Hamlet es el dilema del viejo.
Ligar ya esta absolutamente olvidado; mandar ya ha sido totalmente superado.
Mear o no mear, he aquí la cuestión.
París bien vale una misa, mi reino por un caballo, por los clavos de Cristo: son frases democráticas que pronuncian hombres que fueron grandes amantes en su juventud, hombres llenos de mando en otro tiempo, ante la raja de limón que espera la lluvia dorada en el fondo de un urinario de caballeros.